miércoles, 30 de enero de 2008

Tres árboles

Tres árboles caídos
quedaron a la orilla del sendero.
El leñador los olvidó, y conversan
apretados de amor, como tres ciegos.

El sol de ocaso pone
su sangra viva en los hendidos leños
¡y se llevan los vientos la fragancia
de su costado abierto!

Uno, torcido, tiende
su brazo inmenso y de follaje trémulo
hacia otro, y sus heridas
como dos ojos son, llenos de ruego.

El leñador los olvidó. La noche
vendrá. Estaré con ellos.
Recibiré en mi corazón sus mansas resinas.
Me serán como de fuego.
Y mudos y ceñidos,
nos halle el día en un montón de duelo.

(Gabriela Mistral)



Hermoso poema de esta aclamada poetisa chilena. Lástima que sólo se conoce una etapa de sus obras. Porque esxiste otro lado, una especie de lado B de esta mujer que sólo en algunos de sus poemas se advierte. Es lado oscuro, enfermizo, profundo, mortal que nos sugiere un entorno trémulo y angustiante, como son los sentimientos abismantes que muchas veces nos rodean.
El presente poema interpreta a la imagen del hombre comparándolo a un árbol. Un árbol como perteneciente a un gran creador -DioS- que se consuela con otros en su semejente situación acabada, perdida, funesta, fatal, caída. Antes de su muerte total o de su completo final, está la súplica incesante, el abrazo partido, la plegaria almática que aparece en el momento más terrible del ser.
La muerte llega en forma inclemente para todos, sólo que el momento de la espera muchas veces se hace insoportable para aquellos que sufren y que la anhelan con todo su corazón.
De aquellos que sufren nos alimentamos los que amamos la muerte.

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