martes, 28 de noviembre de 2006

¿Por qué le temes al silencio?



Por qué le temes al silencio y a las palabras que viene de él? Por qué pierdes tu tiempo ensuciando aquellos hermosos momentos de soledad con bullicio radiofónico?
No menospreciese la paz que indidvidualmente te puedes administrar a cualquier hora del día con gratuiudad total. No te atrevas a dejar de recordar quiéneres y para qué has nacido.
¿Éste es el hombre? Un ser abstraído, cobarde que se diluye en el devenir constante de la existencia, que nunca aprende a conocerse y huye de sí mismo?
¿Éste es el hombre? la imagen constante de su vanidad o la imagen constante de sus frustraciones, de aquellas ilusiones que nunca pudieron ser y por no saber que hacer con el impedimento se lo echó a la cara de todo aquel que dependía de este humano amarrado a su propia desdicha.
Pero volvamos al silencio. A aquellas palabras que encierran un misterio inmenso, aquellas palabras que ni tú te atreves a pronunciar, porque revelan tus más cuidados secretos. Es imposible mentir en este silencio. Incluso es imposible hablar. Sólo mi alma reconoce el sonido de tu voz...
Mi voz sin la tuya... Un espiral de paz.

martes, 21 de noviembre de 2006

Temblor de cielo

Pasa el tiempo y me sigo preguntando qué soy, quién soy, cómo soy, en dónde estoy. Siento que vengo de tierras lejanas , de épocas remotas, cuando no todos sabían leer y escribir y cuando todos vivían en una tierra de ignorancia. ¡Qué dichosos aquellos tiempos en los que la vida se componía de pequeños pedazos de dolor! Ahora, en cambio, todo es un continuo dolor.
¿Para qué obtener tanto conocimiento si éste de pronto te envuelve, te atrapa y tú te vuelves su esclavo?
Sin embargo, en aquellos tiempos remotos el fantasma de la mediocridad, ése que hoy te mira a los ojos y te convence que ya nada tiene sentido, quetú no vales nada, también se paseaba y te hablaba haciéndote creer que morirías confinado en una cruenta represión.
Para qué distinguir los colores del alma, la voz del silencio y la belleza del dolor, si nada de esto es posible expresarlo con palabras entendibles por todos.
Tengo tanto que decir, pero no sé cómo hacerlo.
Mi voz desaparece, se diluye en la atmósfera celeste. Sólo se oye en las manos de un músico.
Arruinado, estrujado está mi cerebro de desprecio y de moral, creo percibir a lo lejos un ser que se acerca. Ésta soy yo: esa que se mira obrar y se ríe de sí misma.
Muchas veces quise abandonar lo que soy, dejar para siempre de ser yo, pero sentía que aún debía cumplir un último sueño: arruinar el dolor de los demás haciéndoles creer que valen. Per aún no lo he conseguido y vuelven a mí las palabras de mi amado poeta Vicente Huidobro:

"Quiero desaparecer y no morir
quiero vivir y perdurar y saber que perduro
quiero ser todo mi cuerpo y no lo puedo
quiero ser toda mi alma y no lo logro".